El Santísimo Sacramento del Altar es el centro de la fe y de la vida de la Iglesia, pues en él se hace real y verdadera la presencia de Jesucristo. Bajo las especies del pan y del vino consagrados, Cristo está presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, permaneciendo entre los fieles como alimento espiritual y signo supremo de su amor y entrega.
La devoción al Santísimo Sacramento nace de la Eucaristía, instituida por Cristo en la Última Cena, cuando confió a la Iglesia el memorial de su Pasión, Muerte y Resurrección. En cada celebración eucarística, el sacrificio redentor de Cristo se hace presente, que invita a los fieles a la comunión y a una unión profunda con Él.
Jesús Sacramentado es el centro de nuestra Hermandad, que nace, vive y se alimenta de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, fuente inagotable de gracia, unidad y caridad.
"¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura." - Santo Tomás de Aquino
La Solemnidad del Corpus Christi tiene su origen en la Edad Media. Su impulso inicial se debe a la religiosa Juliana de Cornillon, quien en torno al año 1208 comenzó a difundir la conveniencia de establecer una celebración litúrgica dedicada de manera especial a la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
La primera celebración documentada tuvo lugar en 1246 en la diócesis de Lieja, en la actual Bélgica, donde la festividad fue acogida con gran fervor. Años más tarde, esta devoción se extendió al conjunto de la Iglesia gracias al papa Urbano IV, quien instituyó oficialmente la fiesta el 11 de agosto de 1264 mediante la bula Transiturus de hoc mundo. En dicho documento se recuerda que Cristo instituyó el sacramento de su Cuerpo y su Sangre durante la Última Cena, en la celebración del Jueves Santo, dejando así su presencia permanente entre los fieles bajo las especies del pan y el vino.
La bula pontificia fijó además la fecha de la celebración, estableciendo que el Corpus Christi debía conmemorarse cada año el jueves siguiente a la octava de Pentecostés. Con el paso del tiempo, esta fecha fue trasladada al domingo infraoctavo con el fin de adaptarse al calendario laboral. No obstante, en algunas ciudades como Granada, Toledo o Sevilla se conserva el privilegio histórico de mantener la celebración en jueves.
Para dar mayor realce litúrgico a esta solemnidad, el papa confió a santo Tomás de Aquino la composición de los textos propios de la Misa y del Oficio divino. De su pluma nacieron himnos como el Pange Lingua —del que se desprende el conocido Tantum Ergo—, el Panis angelicus o el Adoro te devote.
La importancia del Corpus Christi quedó reafirmada siglos después en el Concilio de Trento. En su decimotercera sesión, celebrada el 11 de octubre de 1551, se aprobó el decreto Sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, en el que se subraya la necesidad de rendir culto y veneración pública al Sacramento del altar, especialmente en el marco de esta festividad.
En nuestro país, la celebración del Corpus Christi ha arraigado profundamente a lo largo del tiempo. Las procesiones con el Santísimo Sacramento son uno de los momentos más significativos del calendario religioso de muchos pueblos.
En Alhendín desde antaño las calles se engalanan con adornos en balcones y alfombras de plantas aromáticas; se levantan altares en el recorrido de la procesión; incluso las paredes se revestían de tapices. La Hermandad Sacramental, fundada en 1637, fue la encargada de dar solemnidad a estas procesiones de Jesús Sacramentado. A partir de 1905, con la fundación de la sección de Adoración Nocturna, tomaría el relevo en esta misión. Hoy, en la actualidad, es nuestra hermandad la llamada a colaborar con el mantenimiento de la devoción a Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía.